Buenas y malas noticias para los fans de Twilight. Según las últimas noticias, la productora de la saga de Stephanie Meyer ha adelantado su fecha de estreno

Biografia do filme "Crepúsculo"

Com a apresentação dos personagens, escolha das melhores cenas e curiosidades do filme, da escritora da saga e das gravações com comentários da própria Stephenie Meyer e de Robert Pattinson
( Inédito: cenas excluídas do filme e o Making Off dos Bastidores)

Imagens Exclusivas: Crepúsculo DVD
Texto (curiosidades): Revista Capricho (Edição Especial Crepúsculo) e Crepúsculo DVD
Músicas: "Bring Me to Life" de Evanescence e "Halo" de Beyoncé

 

 
KRISTEN STEWART

BIOGRAFÍA:
Kristen Stewart nació el 9 de abril de 1990 en Los Angeles, California (EE.UU.) un director y guionista padre madre. Con esos padres, la niña no puede dejar de estar fascinado por la película de negocios y ella da a cabo en cada escuela espectáculo. Por extraño que parezca, es durante uno de estos espectáculos es observado por un agente. Le dará algunos pequeños papeles antes de ser elegido por los productores de la película "Panic Room" en 2002 para interpretar la hija diabética de Jodie Foster. Su composición le dará excelentes críticas y que puede desempeñar en varias películas y es a menudo el papel principal ( "El pequeño ladrones", "La Garganta del diablo", "Los Mensajeros", etc).

 

     
 

 CREPÚSCULO

Entrevista con Catherine Hardwicke, directora de la adaptación de las novelas vampíricas de Stephenie Meyer

 

 
Nando Salvà
nsalva@elperiodico.com
Que Crepúsculo sea buena o mala es irrelevante, dado que, como suele decirse, está diseñada a prueba de críticas. En otras palabras, probablemente sus espectadoras prototípicas la adorarán, opinen lo que opinen los demás. O quizá no, tal vez tengan en mente una imagen tan clara de cómo debería ser la película que cualquier otra versión será a sus ojos un desastre, y su responsable una persona horrible. Catherine Hardwicke, directora de Crepúsculo, explicó a EXIT hace unas semanas en Madrid que esa presión le ha resultado balsámica: “Si, como hago yo, te dedicas a hacer películas indie, no sueles tener ni idea de si alguien se va a tomar la molestia de verlas. Al menos esta vez he sabido que a la gente le importa mi obra y que irá a verla, y eso me ha animado a trabajar más duro”. En cualquier caso, Hardwicke se ha aproximado a la novela que una ama de casa de Arizona llamada Stephenie Meyer escribió en el 2005 –y que millones de jovencitas en todo el mundo han convertido en gigantesco fenómeno cultural– incluso con mayor reverencia que la mostrada por Lawrence Olivier con Shakespeare o por Stanislavski con Chéjov.
Crepúsculo es la historia de Bella Swan, una adolescente que se enamora perdida y peligrosamente de un joven llamado Edward Cullen. En las páginas de Meyer, la muchacha rememora así su sentimiento: “Estaba segura de tres cosas. Primera, Edward era un vampiro. Segunda, había una parte de él (…) que tenía sed de mi sangre. Y tercera, yo estaba incondicional e irrevocablemente enamorada de él”. Está claro que Meyer no ganará el Nobel pero, por pedestre y repetitiva que su prosa pueda resultar, “logra sumergir en una emoción obsesiva y adictiva tanto a quien está a punto de vivir su primer amor como a quien esté esperando que llegue el definitivo –asegura Hardwicke–. Eso me sucedió a mí con la historia de esta joven que aceptaría dar la vida o convertirse en vampiro si así puede satisfacer su pasión”. Vale, pero no es casual que, viendo la película, uno sienta el deseo de convertirse en una niña de 13 años durante un par de horas. El fenómeno Crepúsculo, primero literario –las cuatro novelas de la saga han vendido 18 millones de copias en todo el mundo y se han traducido a 37 idiomas--, luego sociológico y ahora cinematográfico –los otros tres libros, Luna nueva, Eclipse y Amanecer, sin duda serán también adaptados–, ha sido creado para uso y disfrute de espectadores femeninos de entre 10 y 17 años. Para estas chicas, ir a ver Crepúsculo es menos un viaje al multicine que una peregrinación a la Meca de la pubertad. Para el resto, probablemente tanto revuelo sea inexplicable.
De todos modos, no hace falta ser estudioso de Freud o Lacan para comprender que la relación prohibida entre Edward y Bella simboliza los inevitables anhelos sexuales y las frustraciones que integran la adolescencia como fase crucial y traumática de la vida. “Un vampiro sufre una agitación hormonal a causa de la que necesita matar a sus víctimas –opina Hardwicke–. Es una atracción animal que, por otra parte, también está en la esencia de todo adolescente. Sientes una oleada de sensaciones y se supone que debes refrenarlas, porque no es aceptable que trates de abalanzarte sobre cada chico o cada chica que te guste”.

PÚBLICO ESENCIALMENTE FEMENINO
Así pues, el elemento sobrenatural es aquí tan solo una metáfora. Crepúsculo no es tanto una película de vampiros como un romance por el que transitan algunos vampiros. Por eso ya ha tenido un éxito tan fenomenal entre las mujeres –el 75% del público de la película el fin de semana de su estreno en Estados Unidos fue femenino–, mientras que los hombres jóvenes y adultos parecen mostrarse generalmente escépticos respecto a ella. Sin embargo, Hardwicke opina que “la película materializa una fantasía eminentemente masculina, porque el vampiro es ese ser irresistible del que todas las chicas se enamoran, un tipo dominante y protector que lucha contra otros vampiros”.
De esa imponente figura, Meyer y Hardwicke han llevado a cabo una relectura peculiar. Los no muertos de Crepúsculo no tienen grandes problemas con la luz del sol –no los hace arder, sino más bien brillar–, y los crucifijos y el agua bendita tampoco les molestan. Los Cullen, en concreto, son como una versión contemporánea de la estirada familia protagonista de Retorno a Brideshead. Se llaman a sí mismos vegetarianos porque beben sangre de animales, no de personas. Ese manjar les permite volar y escalar árboles en un santiamén, pero también da a su piel un rostro del color de los polvos de talco. ¿Es eso lo que beber sangre de ardillas provoca? En ese caso, quizá Edward debería darle a Bella un buen chupetón.
Pero no. Pese a que Bella contempla a Edward con tan jadeante deseo que parece a punto de explotar orgásmicamente, el amor entre ambos se basa más en quedarse hasta las tantas charlando que en entregarse a la intimidad física, quizá porque, en ese sentido, Crepúsculo es casi como la fantasía de un adulto acerca de la vida (a)sexual de sus hijos –o tal vez porque, si el vampiro es un hombre centenario a pesar de su cuerpo lozano, entonces practicar sexo con Bella lo convertiría en un pervertido–. Como consecuencia de eso, Edward es un tipo bello (nunca una frente tan generosa resultó tan atractiva), supersensible (hasta escucha a Debussy en su tiempo libre) y capaz de lucir un peinado inmune a la gravedad (en 1984, George Michael habría matado por él). Además, posee la suficiente resistencia para respetar a una mujer a la que está seriamente tentado de devorar, y dice cosas tan bonitas como “ya no me quedan fuerzas para estar lejos de ti” o “tengo profundidades en las que no te quieres zambullir”. En suma, encarna un ideal. “El vampiro es una criatura fascinante –afirma Hardwicke–, porque el ser humano siempre ha sentido el deseo de la juventud eterna y la inmortalidad, y nuestra obsesión por la belleza lo demuestra. Si estudias las leyendas vampíricas a través de la historia, penetran en casi todas las sociedades. Suráfrica, Indonesia, hasta los lugares más extraños incorporan en su cultura esa idea de inmortalidad”.
Está claro que Hardwicke tiene facilidad para retratar la melancolía y la angustia adolescentes. En Crepúsculo, se sirve de cielos neblinosos y paisajes oníricos, de una banda sonora repleta de guitarras acústicas y una narración que adopta la forma de un diario personal. La directora trata la confusión juvenil sin un ápice de condescendencia. “La adolescencia es una etapa dramáticamente muy jugosa de nuestras vidas. Es en esa época cuando te enfrentas al primer beso, a la primera borrachera y al primer porro. Todo tu cuerpo cambia”. Pese a su experiencia rodando películas sobre chavales –suyas son Thirteen y Los amos de Dogtown–, que Hardwicke dirija la próxima entrega de esta floreciente saga dependerá del éxito de la película que hoy se estrena en España. En EEUU ya ha sido un bombazo, y ya hay quien, yendo a lo fácil, considera a Edward y Bella herederos de Harry Potter. “No hay más que fijarse en el póster o en el tráiler de Crepúsculo para comprender que no tiene nada que ver con Harry Potter –discrepa Hardwicke–. Nuestra película es más terrenal y se centra más en los personajes. Afortunadamente, porque hemos dispuesto de una quinta parte del presupuesto del que dispusieron ellos”.
 
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